me quedo
sobre los pliegues humedecidos
del paño
con el que me envolví al salir del agua.
sobre un olor, en el comienzo
de este espacio
más estrecho aún
que el que hay entre lñas almohadas.
done los bordados
se enraciman
y comienzan a desplegar sus cuchillas.
la cabeza se hunde
con el peso dulce
del sudor del cuerpo
y la tremperatura
de la ropa de cama.
ni los graves
con sus propios ecos,
apartándose de las voces
que me llegan desde la oscuridad
del dormitorio común
y las atravieza con una sinergia temblorosa,
logran convencerme
son su idioma desconocido por mí.
abro los ojos.
¿o son mis oídos?
los sentidos comatosos,
donde todo resuena en un bowl.
el sueño que va y viene
y deja su estela esmerilada por la tuluipa, aovando,
encendida toda la noche
en la habitación contigüa del celador.
como un enfermo vecino
que apenas si deja ver su contorno.
una premonición
cruza el exilio tenua
de la solubilidad del mundo
y se detiene ene sa luza que la carga
hasta el filo de la puerta
donde comienza a construir un pasaje
con su prio aliento.