INFUSORIA- 5.Estudios Universales

Si la estética china había encontrado

Primero en la poesía y luego en las demás artes

Como la insipidez con su remanente de sabor o sonido

Huye hacia la absoluta abstracción de la sugerencia

También su sonrisa volverá

No hacia los sueños

Sino oculta en otro caracol

Destruyendo así todas las posibles metáforas

De este juego de azar

Donde las caras de las páginas se multiplican

Acorraladas con cada posible jugada.

Un arte poético en el que

Algún destello es imposible fotografiar.

Sobre el invierno el recuerdo se extenderá

Y ya no será posible recortarlo

Contra este género incurable.

No se tratará de la experiencia que sangra

Ni de una ola que rompe su cresta

Contra la escollera del sentimiento.

No se irá, el silencio se lo impide ya.

Los signos de interrogación que cuelgan

De cada una de las preguntas

Una y otra vez borrarán el paisaje,

Los estilismos y las miles de ojeras

Con las que la erudición puede contemplarse.

¿Cómo explicarles a las palabras

Una vez sentado a su mesa?

¿Qué les había prometido en sueños

Dándoles la espalda bajo la selva tropical del acolchado?

Al sentarse sobre el borde de piedra e inclinar el cuerpo

Arroja las pepitas de ladrillo que juntó y guardó por años

Y los días de la construcción del jardín y la fuente

Que surcaron con sus óvalos y círculos primero

La imaginación de su abuelo

Se deslizan con cada una

Sobre la pendiente carnosa de la mano

Alivianando su peso al entrar en contacto

Con el agua y caer lentamente hasta depositar

El espectro de su volumen,

Junto a otros recuerdos,

Más lejanos, más pesados, sobre el fondo enmohecido

Al final de su paseo por las quintas vecinas

De lechuga, brócolis, repollos blancos y colorados, coliflores,

Zanahorias o maíz junto a los girasoles

Que contienen los límites del verano

Y las cañas anudadas donde crecen

Los tomates entrelazados a sus chozas: todo

Lo que la diurnidad puede ofrecer con el sincronismo de su lógica

Frente a un país lleno de señales que se desarrollan

Descomponiéndose junto las plantas marchitas

Que se alejan en el color de su propio fin.

De la casa más próxima escucha

A los hijos del instructor de aikido

Chapotear en la pileta

Vacacionando dentro de los últimos resplandores de su incubadora,

Y el olor a cloro se confunde con las risas

Filtradas al traspasar las cortinas de enredaderas

Como sonoras serpentinas transparentes,

Cayendo sobre un fondo opaco, verde oscuro

De ligustros recién podados.

Y así,

Una vez sentado junto a las rejas del portón,

Sobre su propio colchón de latidos musculares,

Se vacía de una manera que se envuelve

A sí misma de muchas maneras

Regresando siempre hacia un único estado de cohesión

Con la superficie de la realidad

Sin otra sinestesia

Que los estambres abiertos

De la tarde cuando llega la hora

En la que se pueden observar desde todas las direcciones

Los astros surcando sus habitaciones circulares

Donde exhiben cierta suavidad propia

De los lepidópteros nocturnos.

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