LOS HERIDOS EN LAS VANGUARDIAS

Mientras hablan en la cama
de cierta versión perversa del cristianismo
que les parece impone sacrificios
basados en la debilidad
del individuo y no en su fortaleza,
se ríe de los ruidos
que salen de su garganta irritada
por el resfrío como de una mala imitación
del graznido de un pato salvaje.
Ya en la cocina siguen
descuartizando a los amigos vegetarianos
que anoche sólo comieron el queso
de los sándwiches dejándoles
a las putas carnívoras
las fetas de jamón
enroscadas entre la miga seca.
Estos días la congestión
veraniega recede un poco
luego de haberlo aislado dentro de la fiebre, los celos
y el silencioso patetismo
con el que maúlla
su diario.
Como un bambi hambriento recorría su cuaderno
de las horas ilustrando
los bosquecitos de la insomnia
y alimentándose del cerebro
de unas víctimas ausentes, rosadas,
y de ese yo aliviado por los cuidados domésticos,
él mismo un alimento caníbal del solipsismo.
Conjuntamente con este desfile del discurso
que será buscado como una moratoria,
los restos de cierto futuro
entran por las persianas semibajas
de su habitación vacía
y no la enorme habitación
de cummings: la alegría,
dolor de cabeza de la melancolía.

Toda una poética podría
justificarse por la incapacidad
de saber darles a los seres queridos
lo que realmente necesitan
permaneciendo así psicotizado en el vendaje
de la metáfora oculta
por el pasado que pertinentemente
se presenta con su dialéctica
de sobreentendidos y venganzas
frente a la cuidadosa distracción
de un diminutivo del yo
compuesto con la inmovilidad
en el que el fantasma de la mañana
que finaliza apenas sobre el mediodía
escribe como si fuera necesario llevar
el registro de entradas y salidas
de las palabras muertas, amputadas,
colgando en la oscuridad del matadero de las cuerdas vocales.
Un ajuste repetitivo
demasiado reticente a contar su verdadera función.
Esas páginas
tienen sus precauciones de hechicería y salmo.
Anota: los enemigos se vuelven un hábito caprichoso,
los horrores una excentricidad y la terapia
no es mas que ese burgués asesinato milagroso
en las tinieblas donde imagino
a los así llamados violadores de lo real.
Después de un lapso el miedo se oculta
palpitando entre la curiosidad.
Sin morir la mañana es perezosa
y otros santos vienen marchando
cada uno con su réplicas
y su forma del perdón,
ahora, cuando nadie está presente,
y sin embargo la sombra que se proyecta
alerta como el corazón de un hermano gemelo.

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