Las correcciones

La idea de que he logrado o lograré
sacar una confesión.
Solo que en este espacio cerrado sin techo
resuenan aún por unos altoparlantes bien ocultos
las palabras que nombran
el factor fugitivo del yo,
el índice de la presión de helio
que bombea en su interior,
la demonomanía de un secreto.
Una a una
estas palabras agrupadas en bloques
más o menos uniformes
caminan formando una fila india
en dirección al detector de metales.
La cinta breve de equipaje de manos
así como el monitor de rayos x adosado a ella
están vacíos.
Todo lo que acarrean las ha convertido
en intrusas de su propio equipaje.
¿Un agente del yo?.
Esta ciudad me ha proporcionado
un sello oficial, una visera de vinilo,
un buen olfato de perro entrenado
con el que me paseo tal vez inservible.
No se trata del inicio de un viaje,
ni de hacerlas volver en sí reavivadas
luego del cansancio
provocado por el trayecto del viaje.
Circulo,
y mientras circulo,
cada uno de mis movimientos
es bañado
con la inmovilidad de un rayo de sol
como el que cae lento
sobre los objetos
de un folleto turístico
y cada palabra comienza
con una declaración
que rectifica la de una palabra anterior,
dejándola inmóvil
tan solo por un instante
sobre ese silencio tan parecido al
que se produce
cuando uno entra
a una habitación alfombrada

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