la definición de las palabras. otra parte más

Yo miento. Mejor dicho. Creo la experiencia antes de que suceda. Floto, es decir creo el relato antes del acontecimiento. El relato no es un producto de la experiencia. !Yo quiero ser el relato y no un detalle sobre el que se agita la tormenta, la nevisca o la brisa del relato! Me doy cuenta de que quiero ser una varita mágica. ¡Soy un encanto! Aunque no sé si este talento es innato o adquirido. Me falta la primera mentira para determinarlo todo. Eso sí, tengo poco aliento. No puedo dar más que palabras, cosidas. La naturaleza está demasiado lejos, aunque nos hablamos con espejos. Con señales de humo. En poético código morse mudo. La naturaleza es una digresión más en mí, como si estuviéramos atados uno con el otro de espaldas sin poder vernos la cara nunca. Sin conocer nuestros verdaderos rostros. A veces cuando me pongo a escribir tomo demasiado impulso y voy para adelante y en el envión que tomé de alegría me olvido de todo y en especial de la puntuación. Como ahora. Que pongo y por todas partes. Una y. Y después otra compensa cualquier falta de estilo. Nada me preocupa más que el estilo. Crearlo, pulirlo. Mentirlo. Pero también después destruirlo y extrañarlo. ¿Pero decía que inventaba o mentía? Ya no me acuerdo y no me gusta releerme. Digamos que invento para mentir mejor. Por ejemplo si alguien me dice que leyó un libro o visitó un lugar y a mí me interesa ese libro o ese lugar digo que ya lo leí o que ya fui. Si no me interesa no digo nada y cambio de conversación. Baja el barómetro, se pone el sol. Siempre es otra ocasión. Pero dije que mentía y entonces si miento es como si lo hubiera hecho de verdad. Después cuando voy y lo hago me digo a mí mismo que para qué vuelvo a hacer lo mismo. Igual a mí ya no me gusta leer más ni viajar a ningún lado, así que no sé por qué me empeño en relatos. No recuerdo el futuro que se transformado en pasado sino mis mentiras, mis relatos. Tal vez porque hay un don adivinatorio al que no puedo huir no adivino. Ese don. El que me hace desplegar. Nada que ver con la invención ni con la experiencia. Extraño el diccionario. A él si que no hay don que lo domine ni lo amedrente. Me gustaría hablar en rimas. Pero para eso tendría que ser un músico de jazz. Tener su oído entrenado. Cuál es mi capacidad de improvisación. ¡Ya lo recuerdo: la mentira! En este momento mientras hablo con este espejo que tengo a mis espaldas me doy cuenta de en realidad un coro canta todo lo que venía diciendo. Canta una ópera que es mi relato. Mejor dicho estoy soñando estas palabras cantadas, escritas en este relato. Sueño que el sueño tiene música y los que tomamos parte cantamos como en una ópera. Mejor dicho ellos cantan y yo mientras cantan escribo el libreto, la música, coso los vestidos. Sobre todo tengo que coser y coser. No puedo hacer realmente y en profundidad otra cosa. Pero tal vez sea yo el que canta por todas las bocas. Una ópera de muñecos y un solo ventrílocuo. ¡Como verán quedo exhausto! Los muñecos más perezosos y los menos talentosos, que generalmente ocupan los puestos del fondo, esos recitan el silencio y la distracción del argumento. Nada de canto para los perezosos y los talentosos. ¡Y de pronto me doy cuenta de que yo también estoy y no solo mi voz en el canto! Y si bien yo canto en cada voz y recito con cada esfuerzo de la memoria de los del coro del fondo, yo no tomo parte en la representación. Mi cuerpo esta como Blancanieves antes de que termine su relato. Pensando. Tal vez la muerte empollando. Pero no nos olvidemos, no me debo olvidar, de que yo también coso y coso tras bambalinas unos trajes para las damiselas inexpertas. Las amigas del director y del manager. A veces me gusta este papel que me asignan los cuerpos teatrales. En el que me tengo que apresurar, correr de un lado para otro, llegar a tiempo. Por suerte ya estoy bien entrenado. Doy la última puntada cuando a la prima dona ya la tienen bien peinada. Y sale a escena despampanantemente y abrumada. Típico. Y yo me escabullo entonces por un túnel rápido. Casi por el agua resbalando. En este teatro el puesto de apuntador ha quedado vacante y la cuevita en medio del escenario cesante. De ahí puedo ver los últimos pasos de danza. Los últimos trinos de pajarraco. Se cierra el telón. Cuando estamos aplaudiendo todos, yo al lado de una señora vestida con un zorro plateado, es cuando justo yo me despierto. Pero no me levanto. Huelo la almohada. Sigue siendo verano. Toda mi vida , aquí, así, transcurre en verano. ¿Es verano o es el recuerdo que me roza cuando escribo no con el recuerdo sino que automáticamne escriben las manos? ¿Dónde estaba? ¿En qué pasaje de la mentira? Los mentirosos y los que recuerdan son amigos. Eso recuerdo dice mi diario. Los mentirosos y los que recuerdan se odian y se aman. ¡Para los perezosos en esta vida del relato el canto! Dice un canario. ¡Miren como flota! Por suerte anoche pude dormir. Pero no pude tener insomnio y recurrir a mis trucos de magia. Cada noche cuando no puedo dormir recurro al truco del ábaco. No cuento ovejas sino que cuento escritores que me aprendo de memoria de los lomos de la biblioteca de mi hermano. ¿Podré hablar de otra cosa en definitiva que no sea de mi hermano? Pero volvamos al método. Este es mi ábaco. Así como otros cuentan ovejitas yo cuento esos escritores. Este método nunca falla. A veces solo posee algún que otro desencanto. Uno a uno vienen y saltan el cerco de mi mente, hacen una pirueta, me saludan y se alejan del presente. Por ejemplo si ahora tuviera que improvisar improvisaría. Siempre es grata la ocasión para un buena improvisación. O en su defecto para encontrarse con su hermana menor, la digresión. Puedo contar por países, por estantes, por lenguas o por ser entre sí bien distantes. Herman Broch, Marcel Proust, Musil, Thomas Mann, Martin Amis…pero Martin Amis nunca sabe saltar sin recurrir a algún truco. No sé que hace entre las perlas de mi ábaco. Porque nunca sabe si saltar o tirarse sobre le cerco. Entonces se interrumpe la improvisación, se astilla cualquier intento de digresión. Y sucede lo peor. El chisme toma partido en la imaginación. Igualmente lo peor que podría suceder es que dos escritores quisieran saltar al mismo tiempo. Así porque sí. Por generación espontánea. O por tratarse del ser entrometido de las frutas geminadas. Entonces la cola se atora. Se retuerce contra el horizonte. Los escritores se impacientan, se prometen cosas estúpidas, se retuercen de dolor o de placer ante le invento del insomnio. Se vuelven viejas malas en la cola del supermercado. El dolor, la noche, el desencanto.

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4 Responses to “la definición de las palabras. otra parte más”

  1. SALSBURY HILL Says:

    Herr Mann: Yo todavía cuento ovejas… Demasiado obvio, no? Aburrido. Nada original. Tengo algunas ovejas que me recuerdan a Amis, también. No me gustan, pero las tengo, son medio tontas, de hecho. Se chocan con el cerco. Pero te decía: solo tengo ovejas por las noches. Si me arriesgara a contar los escritores que he leído, probablemente nunca conciliaría el sueño. No, no son pocos los escritores, no… Es mucho el insomnio. Es largo, se prolonga más de la cuenta. . Conocí -una vez-, a alguien que contaba el dinero que no tenía y así lograba dormirse. Otro hubo que enumeraba las veces que había intentado comenzar una dieta. En ambos casos existía un irremediable deseo de ser distinto, de no ser. Ese era, quizás, el principal motivo de sus desvelos. Yo creo que me pasa algo similar, pero prefiero seguir contando ovejas. Son menos complicadas que algunos escritores y saltan el cerco instintivamente… Demasiado obvio, no? Aburrido. Nada original… Pero efectivo y práctico. Necesito que me obedezcan en mis noches de ojos abiertos. Mis ovejas lo hacen.

  2. lilia muñoz Says:

    Extraña mezcla de verdades y mentiras, eso es la poesía.
    “Igual a mí ya no me gusta leer más ni viajar a ningún lado, así que no sé por qué me empeño en relatos. No recuerdo el futuro que se transformado en pasado sino mis mentiras, mis relatos.”
    Cuánto extrañamiento hay en tu relato. ¿Es un relato? No lo sé.
    Igual me gusta leerte. O saberte escribiendo. Pero sobrecoge. Habla de enviones de alegría pero también de dolor. Lo siento, soy muy previsible.

  3. Nicolino Porsche Says:

    Si Lilia, sos muy previsible.

  4. SALSBURY HILL Says:

    Leyendo por ahi, encontré esta frase tuya: “…Mentir es aburrido. Robar es rejuvenecedor…” , luego, aqui afirmas que mentis. “Yo miento”, El primer aserto. Y siguiendo la linea de pensamiento expuesta y por deduccion lógica, si mentís, sos aburrido… Lo sos? En verdad no me queda demasiado en claro tu postura respecto de la mentira.
    Otro pasaje del relato anterior: “…Cuál es mi capacidad de improvisación. ¡Ya lo recuerdo: la mentira!” y otro mas: “Nada me preocupa más que el estilo. Crearlo, pulirlo. Mentirlo…” Bueno, a esta altura, me encuentro totalmente confundid. Tenes una única conceptuacion de la mentira? La contradiccion siempre encierra innumerables mentiras.-
    De todos modos, me parece digno de una sinceridad entrañable y profunda que seas capaz de reconocer que mentis (que cosas que digo! Admitir que mentis, un acto de sinceridad!)
    Herr Mann: cual sería la primera mentira que lo determina todo?

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